UN LIBRO REMEMORA LAS PRIMERAS CAMPAÑAS DE LOS ATUNEROS BERMEOTARRAS

2013/05/27

DEIA-Iñigo Alberdi|

UN LIBRO REMEMORA LAS PRIMERAS CAMPAÑAS DE LOS ATUNEROS BERMEOTARRAS EN EL ATLANTICO OCCIDENTAL.

NOCHE Vieja’, Gloria de Resurrección, Niño Jesús de Praga, Madre de la Macarena, Monte Azkarate, Arantzamendi, Rosa de los Vientos y Glorioso San Fermín fueron los buques de bajura bermeotarras que realizaron la primera Campaña de Dakar en 1956. Era una época en la que las embarcaciones del Cantábrico se la jugaban a la anchoa y al bonito, y desde octubre hasta marzo escasamente sobrevivían con la palometa, la merluza, el besugo y el txitxarro, por lo que la pesquería de túnidos en la costa occidental de África se presentó como una gran oportunidad. Y los bermeotarras se lanzaron a la aventura.

Fueron pioneros en el Estado en la pesca de túnidos a caña con cebo vivo en las costas africanas -englobadas y resumidas bajo el nombre de Campaña de Dakar-, aunque no los primeros del Cantábrico, ya que solo dos años antes tres embarcaciones de Donibane Lohitzune (Bixintxo, Curlinka e Izurdia) y otras tantas de Bretaña (Toubib, Martien y Marcelle Yveline) habían realizado una primera campaña experimental a lo largo de la costa de Senegal.

Pese a la precariedad inicial, el número de barcos fue en aumento y llegaron a completar -junto a barcos de Ondarroa, Lekeitio, Elantxobe, Mutriku, Orio u Hondarribia- nueve campañas de manera regular.

Estos detalles han sido recogidos por José María Ferarios Lázaro en su libro Las Campañas de Dakar, en el que detalla los pormenores de los 3.000 arrantzales, un 85% de ellos bermeanos, que faenaron lejos de su habitual hábitat entre 1956 y 1965. “Marcaron un hito en la pesquería de túnidos y su efecto medio siglo después es indudable en la actual flota de atuneros congeladores”, reconoce el técnico del área de Tecnología Pesquera y Marina de AZTI.

El libro fue presentado anteayer en la Arrain Azoka de la villa, y recoge los testimonios de los últimos protagonistas, además de muchas fotos inéditas “que los ya ancianos arran-tzales o sus descendientes conservan como un tesoro”, añade.

Las campañas de Dakar fueron una iniciativa exclusiva de los armadores, mientras que los representantes políticos de la época -en pleno franquismo- estaban interesados solo en extender la obra del movimiento. En el origen estuvo en el bermeano Daniel Aristimuño, que trabajaba en Canarias para la empresa Hijos de Ángel Ojeda. Puesto en contacto con los hermanos Andrés e Isaac Ispizua, contrató sus servicios y los del resto de la primera flota que puso rumbo a la costa occidental africana.

Aquellos pioneros se lanzaron a la odisea hacia unos mares desconocidos, con unos barcos y tecnologías limitados. Las embarcaciones tenían una veintena de metros de eslora, una manga de algo más de cinco y entre 55 y 80 toneladas de peso. “Hay que destacar los motores de la fábrica Echevarría, de Bermeo, que construía 40 motores al año y empleó a casi 300 personas. Decía un pescador que la prueba de los motores era pasar la campaña de Dakar, y todos la pasaron”, subraya Ferarios.

Organización “Fueron a la aventura; con una mano delante y otra detrás”, recuerda el autor, si bien es cierto que los franceses, gracias a sus estudios previos, ya conocían el potencial de la pesquería de túnidos, sus migraciones y las necesarias infraestructuras de los puertos africanos. “Estaban más organizados y cohesionados; los conserveros y el comité de pesca local, implicados; Dakar era colonia francesa… Y todo el coste estaba garantizado”, revela.

En aquella primera campaña pescaron en las proximidades de Cabo Blanco, sin posibilidad de ampliar su radio de acción debido a las limitaciones técnicas para la refrigeración y mantenimiento de la captura. En los primeros tres meses pescaron sólo 800 toneladas de atún al huir éste tras bajar la temperatura. “Cada embarcación tuvo unas 80.000 pesetas de gastos y el pescado se vendió mal: entre 4 y 6,5 pesetas el kilo; pero a cada marinero le correspondieron unas 18.000 pesetas”, detalla el autor. Los arrantzales evaluaron que “de no organizarse mejor las campañas, no valdría la pena insistir en la experiencia”. Ese fue uno de los motivos por los que un año después a punto estuvo de que ninguna embarcación bermeotarra partiera hacia África.

Su labor se prolongó, por el contrario, nueve campañas. La última, que regresó en febrero de 1965, estuvo compuesta por 47 unidades de Bermeo y 2 de Lekeitio. Tras ella, ocuparon su lugar las flotas atunero-congeladoras que cambiarían la forma de entender la pesca. Hasta entonces, los pioneros de Dakar, no pensaron en otra cosa que en “trabajar para sacar a las familias adelante”, aunque, inconscientemente, marcaron todo un hito.

las claves

Tras las dos primeras jornadas, los representantes de las empresas conserveras se han mostrado satisfechos con el nivel de ventas, superior al de años anteriores, beneficiados por la tregua climatológica que ha permitido acercarse hasta Bermeo a miles de personas. El puesto de pescado fresco y marisco, que por primera vez se ha instalado en el recinto ferial, también registró numerosas ventas, y muchos aprovecharon el servicio de cocina de la carpa-comedor para degustar su compra al momento. Las empresas conserveras, por su parte, destacaron el éxito de sus productos para untar y la atracción que han producido sus ofertas de productos para el consumo a corto plazo. La mañana de hoy -hasta las 15.00- será la última ocasión para visitar la veintena de puestos de venta de la Arrain Azoka, que cierra hoy su decimonovena edición. El concurso de dibujos -a partir de las 11.00- y el desfile de gigantes y gaiteros -12.30- amenizarán el recinto de la Lamera y el puerto viejo. No faltarán las exhibiciones en la sala Basterretxea del documental ‘Galerna, la tormenta desconocida’ -a las 19.30 en castellano y a las 22.00 en euskera-, así como las simulaciones de venta de pescado en la lonja.

Kostaldea

Entre 1956 y 1965 más de 3.000 arrantzales faenaron junto a Dakar, el 85% bermeotarras

La pesquería de túnidos en África supuso una gran alternativa de pesca entre octubre y marzo