TEÑIDO DE MAHON. BERMEO SE SUMERGE EN EL BULLICIO DEL ARRANTZALE EGUNA

2013/09/10

DEIA- Imanol Fradua|

José Luis Gerrikagoitia, Julio Muruaga, Pedro Etxebarria y el club de remo local fueron los homenajeados.

No hay mejor día para los bermeanos. Y, como tal, el Arran-tzale Eguna de ayer no defraudó durante sus largas horas de fiesta. Miles de personas se echaron a las calles teñidos de azul mahón para festejar la jornada más bulliciosa de unas fiestas de Andra Mari y Santa Eufemia que, a partir de hoy, encara sus jornadas más relajadas antes de afrontar el último fin de semana.

Pasada la página de lo acontecido el domingo en La Concha, la jornada festiva comenzó bien pronto. Principalmente lo hizo en las calles del casco antiguo donde los más jóvenes comenzaron a tomar posiciones. Pese a las recomendaciones del Ayuntamiento apareció, otro año más, el temido polvo de talco. En el puerto, y tras la misa de las 11.00 horas, se volvió a homenajear a lo arrantzales en un sencillo acto organizado por el txoko Lamera Gane. En este caso, los bermeotarras rindieron tributo a los constructores navales José Luis Gerrikagoitia, Julio Muruaga y Pedro Etxeberria, además de al club de remo local y a todos los presidentes que han llevado sus riendas. Los homenajeados se llevaron una plaza conmemorativa y un pañuelo de recuerdo.

Con centenares de personas tomando la plaza Sabino Arana, el casco antiguo -espacio habitual festivo- se llenó de aurreskus con la ayuda musical de varias fanfarrias. La bajada a la plaza de San Francisco se cumplió a partir de las 13.30 horas. Pocos minutos después, la estatua de Taraska ya lucía -como es preceptivo en Arrantzale Eguna- un ramo de flores. La fiesta se desplazó entonces hacia la Lamera, y nuevamente, al puerto.

Tras tomar fuerzas en la comida -e incluso desplazarse a localidades cercanas por la imposibilidad de conseguir mesa y mantel en Bermeo-, la fiesta prosiguió por la tarde con las fanfarrias y la música de Egan, pero, especialmente, con el ambiente que Bermeo imprime a su jornada grande de fiestas