MUJERES VANGUARDISTAS PROVISTAS DE UNA RAQUETA

2013/10/28

DEIA-Iñigo Alberdi|

Euskal Herria Museoa de Gernika acoge la muestra ‘Mujer y pelota vasca’

Detalla la trayectoria de las raquetistas profesionales entre 1917 y 1980

Corría el año 1917 cuando en Madrid se presentó al público un cuadro de 16 mujeres raquetistas. Fue en el frontón Cedaceros y supuso el primer paso de una modalidad que ocuparía un lugar de gloria para las féminas en la historia de la pelota vasca. Todas estas hazañas se muestran hasta el próximo 20 de abril en el Museo Euskal Herria de Gernika-Lumo, en la exposición Mujer y pelota vasca.

Pese al título genérico, lo cierto es que la colección se centra casi exclusivamente en las raquetistas, con un recorrido muy detallado de los diferentes ámbitos de esta modalidad divididos de manera ordenada. Así, el área denominada Sake explica los primeros pasos de estas mujeres, que al principio se limitaban a ocupar las canchas “en los momentos que quedaban libres de las ocupaciones instituidas y los ocupantes legitimados”. Es decir, los hombres que jugaban a mano o a pala.

En esa parte de la sala llaman la atención las herramientas principales de la modalidad: unas raquetas de madera -desvencijadas por el violento uso y el paso de los años- con sus protectores para que no se deformasen. Piezas de museo viendo los modernos materiales que se usan hoy. Junto a ellas, lucen varios trajes como los que empleaban en el juego -diseño de Mercedes de Miguel-. Porque, como dijo la diputada de Cultura, Josune Ariztondo, en la presentación de la muestra, “no hay que dejar de ser elegante y glamurosa aunque se sea raquetista”. Una prensa para elaborar pelotas completa esa primera parte de la exposición.

Tanteo es la segunda parada de la muestra, en la que se recogen los nombres de las mujeres que dieron gloria a esta modalidad, “vanguardia del deporte de la pelota en el mundo”, en palabras de Ariztondo. Sin embargo, tan injusto como relacionar el término pelotari únicamente con los hombres sería obviar el nombre de Ildefonso Anabitarte, afamado puntista y empresario de frontones, que propició el desarrollo de las mujeres raquetistas con la escuela que creó en exclusiva para ellas. También acortando las canchas y adecuando raquetas y pelotas para propiciar un deporte espectacular que hizo que se mantuviera vivo durante 60 años.

“No era habitual ver a mujeres jugando, pero Ildefonso Anabitarte puso escuelas para que las chicas jugaran, y con ello rompió el tabú”, recuerda María Elena Hernández. Esta mexicana vivió los últimos años de profesionalismo de las raquetista, ya que debutó en 1967 y, tras cerrarse el frontón del Distrito Federal, jugó en Madrid hasta 1980.

Protagonistas Su nombre y el de decenas de jugadoras luce en las paredes del museo, con un apartado especial a Txikita de Anoeta, tal vez la más grande que ha dado este deporte. “La teníamos como un referente, y aspirábamos a ser como ella”, recuerda Gloria Agirre, que por su influencia se bautizó en las canchas como Txikita de Aizarna. “Me lo puse por indicación de un amigo de mi padre que, como me había dado permiso para ir a Madrid a jugar, tenía que llevar el nombre de mi pueblo”, rememora.

Aunque se trasladó a la capital con 18 años de edad, no era habitual a principios de los años 60 que las mujeres destacaran en este tipo de prácticas deportivas. “Me dejaron ir con la condición de que continuase mis estudios de farmacia. De hecho, tuve ocasión de ir a México y no quise porque el deporte tiene corto recorrido y di preferencia a los estudios”. Aún así, Agirre jugó en Madrid de manera profesional durante veinte años llegando a jugar con su admirada Txikita de Anoeta en los encuentros estelares, además de con Irura, Agustina, Anita, Victoria o Soroa, entre otras muchas.

También rehusó viajar a tierras americanas la markinarra Conchita Bustindui, aunque se arrepintió muy pronto. “Llevaba cuatro años jugando en Barcelona y con 24 años nos pagaban el pasaje para unos años. Dije que no iba ni loca, pero cuando fuimos a Santurtzi a despedir a las compañeras que iban en el barco pensé: ¿por qué no estaré yo allí? Afortunadamente tuvieron tanto éxito que a los seis meses vinieron a por más chicas y me fui”, relata.

Ella jugó en México durante siete años -hasta que se casó allí con el puntista Mugerza-, aunque en muchos frontones del mundo, sobre todo en el Estado español, pudieron disfrutar con las habilidades de estas vanguardistas. Todas esas canchas se recogen en el área llamada Kantxa: La bombonera de La Habana, La Esperanza de Bilbao, Miami, Sao Paulo… Un audiovisual con fotografías recuerda esas infraestructuras y a las pelotaris de la época.

“Vivimos como reinas”, sonríe con nostalgia Bustindui. “Nos pagaban 2.500 pesos al mes, más quinielas, y vivíamos tres o cuatro en cada casa”, recuerda. “Yo cobraba unas 17.000 pesetas al mes en una época en la que el sueldo medio podía ser de 6.000″, añade una más joven Hernández que descarta que llevaran una moral no acorde con los estándares de la época. “Era una vida muy bonita; el pueblo pensaba que éramos unas chicas muy alegres, pero es mentira. No nos comíamos una rosca”, asegura. “A veces íbamos a cenar, porque nos invitaba gente de mucho dinero, pero nunca íbamos solas, íbamos muchas chicas e incluso pelotaris varones que entonces no tenían una perra gorda”, detalla.

monedas de oro La opulencia de aquellos años la muestra una anécdota que roza la humillación. “En México, en los partidos buenos, nos lanzaban monedas de oro, pero tenían muy mala uva y las calentaban con el mechero. Tú las cogías, aunque te quemara la mano. Era para ti”, narra la mexicana que recuerda que la gente apostaba “incluso uno o dos millones de pesetas en una jornada”.

El eco de las raquetistas trascendió a lo meramente deportivo, teniendo reflejo en otras artes como el cine o la literatura. En Kontrakantxa los responsables del Museo Euskal Herria, con la colaboración de personas y asociaciones relacionadas con la pelota, han obtenido fotogramas de la película  Apartado de Correos 1001, o el libro Chiquita de Bilbao, además de otros trabajos surgidos en relación a las raquetistas.

El 17 de julio de 1980 se jugó el último partido de raqueta en el frontón de Madrid, y a partir de ese momento la modalidad fue desapareciendo, al igual que el protagonismo de sus jugadoras. De todas maneras las mujeres siguen practicando diferentes modalidades de la pelota, trayectorias que se recogen en Hemen eta Orain. Ese declive se puede ver en el documental El Ocaso de las pelotaris, de Carmen Sarmiento, para el programa Informe Semanal; así como en Apostando por ellas, premiado por Emakunde.

El final de las raquetistas, sin embargo, propició el inicio de una nueva era, ya que lucharon para lograr un retiro acorde con la actividad que habían desempeñado. “Logramos muchas cosas, incluso para los pelotaris de hoy, como que tengan seguridad social, que hasta entonces no tenía nadie. Exigimos nuestros derechos y ganamos un pleito”, reivindica María Elena Hernández. Fue otro importante logro de unas mujeres que rompieron moldes con una actividad vanguardista para su época.