LA SOLIDARIDAD RUGE EN EL CASCO VIEJO DE BERMEO

2013/05/02

DEIA- Iñigo Alberdi|

EL rugido de los motores y de las guitarras roqueras fueron ayer, en Bermeo, una algarabía de apoyo a quienes sufren aún las consecuencias del incendio que se registró en la parte vieja el pasado 11 de abril. Cerca de 600 motocicletas desfilaron por el casco antiguo bermeotarra para mostrar su solidaridad con los damnificados, además de para aportar su granito de arena en forma de gasto, que facilite la reconstrucción de sus hogares y de sus vidas.

No faltó el olor a gasolina ni las tradicionales chupas de cuero, ataviadas con coloridas chapas y cadenas. Sin embargo, sus pilotos no desplegaron sus alardes de acelerones ni quemaron gomas en el asfalto bermeotarra. “No es un acto festivo al uso sino solidario, por lo que no hacemos nuestras habituales gamberradas”, explicó Patxi Martínez, en nombre de los moteros de Bizkaia.

El carácter de quedada ofreció una participación abierta y sin inscripciones, por lo que no se contabilizó el número exacto de monturas presentes. “Los motociclistas vienen y van a lo largo de la mañana y la tarde, no están todo el día, pero calculamos que habrán pasado unas 600 motos”, evaluó Martínez.

Cientos de moteros de toda Bizkaia hicieron una parada en Bermeo a lo largo de la jornada

Moteros de Basauri, Muskiz, Bilbao y otras muchas localidades completaron la ordenada parrilla de llegada. Al igual que decenas de bermeotarras y visitantes que acudieron a la villa aprovechando la jornada festiva, los moteros hicieron su correspondiente gasto -al grito de más birra- tanto en la txosna de la organización como en la veintena de bares colaboradores, ya que parte de sus ingresos irán destinados a paliar las pérdidas de los damnificados.

“La conservera Campos ha donado noventa kilos de atún, que los bares han preparado, y se han acabado”, desveló Joseba Altonaga. “Ha habido bares que han donado lo recaudado a través del atún y, además, también con el resto de los pintxos”. Cascos y cueros se entremezclaron con camisas y jerséis en los establecimientos que buscaban con atención para no desviar ni un solo céntimo de la justa y necesaria causa.

los pelos de punta Entre los asistentes, la gran mayoría de ellos concentrados en la plaza Sabino Arana, también era posible reconocer a algunos de los damnificados por el devastador incendio, que se mostraban agradecidos. “Veo que lo están haciendo por nosotros y se me ponen los pelos de punta”, ilustró Sara Álvarez. Pese a apreciar la música de muchos decibelios -”hoy me está pareciendo celestial”-, no quiso permanecer mucho tiempo en la zona en la que catorce grupos de la localidad amenizaban la jornada de manera altruista.

“Antes buscaba escapar de mi rutina y, tras el incendio en el que he perdido mi casa, me encantaría volver a mi anterior vida”, expresó antes de evadirse a pasear con su perra por la atalaya. Tras ella, en el lugar donde hace veinte días los bomberos se afanaban en hacer frente al fuego y al miedo, los moteros abrían el camino a la solidaridad y la esperanza.