Cien años de industrialización

2013/03/11

IÑIGO ALBERDI -DEIA|

Inmersos en plena crisis económica, y con Busturialdea y Gernika-Lumo tratando de recuperar el pulso de la actividad laboral de antaño, se cumplen cien años desde que la primera industria ubicara su sede en la localidad foral. Fue la fábrica de pistolas, Esperanza y Unceta, germen de lo que con el tiempo ha pasado a la memoria popular con el nombre de Astra, una de las denominaciones que adquiriría más adelante y que hoy en día da nombre a la fábrica de creación abierta recientemente.

Su llegada en 1913 no estuvo exenta de polémica, como recuerda José Ángel Etxaniz en un informe que, en varios capítulos y con más detalle, está siendo reproducido a lo largo del año en la revista local Aldaba. El integrante del grupo de historia Gernikazarra explica que estas dudas se suscitaron debido al traslado desde Eibar tanto de la empresa fabricante de pistolas, como de sus obreros y familias. “La ideología societaria y socialista de estos, su activismo sindical, sus reivindicaciones laborales, causaron impacto. La pronta convocatoria de una huelga, su duración y conflictividad, terminó por conmocionar la plácida vida local”, resume.

En aquella época Gernika-Lumo, no contaba con ninguna industria de entidad. Población con un carácter predominantemente rural, era el centro geográfico y de servicios de una comarca donde la economía agraria era la base de la subsistencia. A los baserritarras les seguían de lejos profesiones artesanales como zapateros, carpinteros, alpargateros, albañiles o canteros.

La población preindustrial, tradicional y conservadora, constituía una sociedad compacta sin fracturas en los mecanismos tradicionales de integración social, “con niveles de conflictividad inexistentes al carecer de una clase obrera industrial y estar dominada políticamente por el caciquismo de los monárquicos dinásticos liberal-conservadores – denominados estasiñotarras-, y personificada en Juan Tomás de Gandarias, quien controlaba de manera plutocrática tanto la localidad como la comarca”. Por ello, “la llegada de la primera industria, con los trabajadores eibartarras, alteraría este estatus de la sociedad gernikarra”, cita Etxaniz.

Esperanza y Unceta fue constituida en Eibar en 1908 por Juan Esperanza y Juan Pedro Uncetabarrenechea, para la fabricación de distintos artículos y manufacturas de hierro y acero. Dedicada a la fabricación de piezas para pistolas automáticas, también montaron una pistola de repetición con el nombre de Victoria.

Sin embargo, estos empresarios querían ampliar su negocio y la localidad guipuzcoana suponía un freno en unas aspiraciones que la villa sí podía colmar. “Disponía de los terrenos que en Eibar no encontraba, muy próximos, además, al ferrocarril”, señala Etxaniz.

Asimismo, pretendían huir del control sindical que ejercía el Sindicato de Obreros Pistoleros de Eibar, defensor del sistema tradicional de fabricación que chocaba con los deseos de Esperanza de introducir maquinaria y prescindir paulatinamente de los “obreros especialistas de concurso indispensable”. Por último, resultó primordial el que Gernika-Lumo fuera la sede elegida por la empresa armera -también se postuló Gasteiz- la cesión de un terreno y el edificio de manera gratuita por parte del Ayuntamiento, amen de una subvención de 50.000 pesetas.

Sin embargo, el asunto industrializador no fue ajeno a la polémica. Se publicó en prensa un artículo en el que se vertían opiniones contrarias a la instalación de la fábrica en la localidad foral. Se temía que, “se introdujeran en aquella villa, hoy tan apacible y tranquila, gérmenes de disolución y semillas de rebeldía que trajesen en tiempo no lejano lo que lleva el socialismo destructor y tiránico a todas las partes a donde llega: algaradas, motines, huelgas, inquietudes continuas, siembra de doctrinas impías, alientos para la revolución”. Su temor se debía, según el anónimo autor, a “la tiranía roja que de algún tiempo a esta parte impera en Eibar”.

Sin embargo, el malestar causado por la carta no influyó ni en el proceso ni en los sentimientos del pueblo guerniqués, quien, agradecido por el hecho de que se trasladase una industria a la localidad, se echó a la calle celebrando una manifestación en apoyo de los acuerdos adoptados por la corporación local.
Los inicios El 9 de febrero de 1913 fue colocada la primera piedra del pabellón, que tuvo un coste de 42.000 pesetas para las arcas municipales. Cuatro meses más tarde, en julio, se iniciaba la producción de pistolas que tan famosa hicieron a esta arma guerniquesa por sus modelos Victoria, Campogiro y la célebre Astra.

Con Rufino Unceta en la dirección de Gernika -su padre se quedó en Eibar-, se compró numerosa maquinaria susceptible de ser utilizada por personal poco especializado y que suponía eliminar numerosos procedimientos artesanales en la fabricación. Apenas transcurridos 15 días desde la puesta en marcha, ya se produjo una reclamación obrera al modificarse las condiciones de trabajo de 6 obreros. Aunque este problema se solucionó, el suceso agrió el clima.

La primera huelga Un trabajador fue cambiado de su puesto tras volver con un día de retraso de un permiso a Eibar al considerarlo un acto de desacato. Los obreros asociados presentaron una reclamación que no fue atendida y hartos del proceder de la empresa, dieron 48 horas para reponer al trabajador a su antiguo puesto, pero la empresa respondió que “quien no se hallara conforme con la conducta de sus principales, podían ir a cobrar sus haberes el viernes, de diez a doce del día…”.

Esta respuesta fue tomada como una invitación a la huelga, por lo que los trabajadores de la Sociedad de Obreros Pistoleros de Guernica y Lumo se declararon en huelga, formulando reivindicaciones paralelas a la de la restitución del empleado, como la de una jornada de trabajo de nueve horas cuando la actual era de diez y cuarto. En Gernika-Lumo se declaraba la primera huelga de su historia, cumpliéndose así los augurios de la carta publicada en prensa.
Esta se desarrolló de manera “pacífica, dentro del mayor orden (…) si bien ha aumentado algo el número de huelguistas”, relataban las autoridades. Los que trabajaban eran alrededor de 53 personas, 25 de ellas mujeres, y unos 20 pinches y aprendices, siendo el resto escribientes, listeros, contramaestres… Los huelguistas los cuantificaban en “13 mujeres y 30 muchachos”.

Ante la continuidad de la huelga, los patronos dieron a conocer al Alcalde su decisión de cerrar la fábrica y, aunque también despidieron a las mujeres y niños guerniqueses, el cierre total no se produjo. Siguieron trabajando los esquiroles, custodiados por la Guardia Civil, según Etxaniz ha rescatado del olvido.
Si en un primer momento la huelga causó sorpresa y expectación, con el transcurso y prolongación de la misma las simpatías iniciales fueron disminuyendo, debido a la aparición de incidentes, panfletos de propaganda sindical… lo que fue creando el clima para que los patronos, las fuerzas reaccionarias y una parte importante de la opinión pública, mostrasen hostilidad hacia la huelga e impulsaran las medidas necesarias para acabar con ella.

Deseoso de volver a poner en marcha la producción, Esperanza y Unceta ofrecieron empleo indiscriminadamente, contratando incluso personal por los pueblos de los alrededores, sobre todo a niños y jóvenes sin cualificación. Poco a poco, la presencia de nuevos trabajadores fue masiva. A ellos había que añadir el numeroso grupo de mujeres guerniquesas, trabajadoras en labores de mano de obra indirecta, que pasaron a ocupar puestos de trabajo en máquinas.

Ante la situación claramente desfavorable, los trabajadores en huelga decidieron abandonar la empresa y Gernika-Lumo, para volver a Eibar, donde fueron recibidos con una gran manifestación de apoyo. El fracaso de la huelga no fue óbice para que el deseo industrializador prosiguiese adelante en la villa, se creasen nuevas industrias y arraigasen otras culturas políticas y sindicales. Sólo dos meses después de su vuelta a Eibar derrotados, un puñado de txisperos retornaron a la localidad foral y, junto con un pequeño grupo de inversores locales, y algún trabajador que se había quedado en Esperanza y Unceta para enseñar el oficio armero a los nuevos trabajadores, crearon el 21 de enero de 1914, la empresa Alkartasuna, fabricante de la pistola Alkar. Con ello se iniciaba, definitivamente, el proceso industrializador de una Gernika-Lumo que, un siglo después, sigue buscando reactivar su economía.