Bermeo: “Intentaremos salvar lo que se pueda”

2014/01/08

DEIA| Cinco puertos de Bizkaia hacen recuento tras el paso de la tormenta para volver a la normalidad. La furia del mar hunde 18 embarcaciones deportivas y provoca daños en las instalaciones portuarias.

“Intentaremos salvar lo que se pueda”. Era el caso particular de Richar Ortiz, que con apenas una resignada frase resumía la laboriosa jornada que los usuarios del puerto de Bermeo, ya fueran de barcos de recreo o de pesqueros, padecieron ayer. Y es que tras el paso del temporal nocturno de espectacular oleaje del lunes llegó ayer una soleada mañana de tensa calma que sirvió para hacer recuento de los daños provocados por una tormenta que generó cuantiosos desperfectos en cinco dársenas de Bizkaia. Roturas en muelles y pantalanes, hasta 18 embarcaciones deportivas que sucumbieron a los embates de la mar y daños en locales comerciales de zonas portuarias fue la abultada factura que principalmante la villa costera, pero también Ondarroa, Lekeitio, Mundaka y Elantxobe pagaron.

Viviendo pendientes de las mareas, los fuertes vientes, las altas olas y la profunda resaca, hubo quien en Bermeo, la localidad vizcaina más afectada por el temporal, no durmió ayer. O apenas descansó en un duermevela para salir de madrugada, con la siguiente marea alta, a hacer lo posible para preservar su embarcación. Con la flota trabajando para salvar sus buques pesqueros, arrantzales curtidos en mil mareas se afanaron en reforzar los amarres. Buques como el Caraba o elIzurdia Maitea, fuertemente amarrados a los muelles y las boyas, hacían balance de lo padecido. “Ha sido una noche larga, desde luego. Pero el peor momento, ese de ayer -por la tarde-noche del lunes-, cuando las olas entraban en el rompeolas como Pedro por su casa, ya ha pasado”.

“Pero el susto no nos lo quita nadie”, confirmaba un txo a primeras horas de un nuevo día que, por el contrario, dio trabajo a los efectivos de la Cruz Roja, la Policía Municipal o la Ertzaintza, que trataban de ayudar a quienes perdieron sus embarcaciones mientras seguían mirando de soslayo cómo las olas, con menos fuerza que la noche anterior, seguían golpeando -y superando- el rompeolas.

Las tareas, principalmente, se focalizaban en dos puntos. Habida cuenta de que salvo alguna rotura de amarres ningún pesquero sufrió daños de consideración, la actividad se centró en el puerto viejo y la zona del farol verde, un área de amarre a boya posterior al rompeolas que fue el espacio más castigado del puerto de Bermeo. En un ir y venir continuo de vecinos, Richar Ortiz miraba hacia su embarcación. Sin haberse hundido pero con el casco de fibra de 5,5 metros de eslora al aire, este mungiarra ya iniciaba los trámites para tratar de recuperar “lo que pueda del barco”. “He dado parte al seguro, me pondré en contacto con unos buzos, llevaremos el barco a la náutica y a cuantificar los daños con el peritaje”, enumeraba.

Pese a contar con una póliza a todo riesgo de su embarcación, comprada además “hace pocos meses” en Ibiza, Ortiz se personó rápidamente en el puerto con la intención de salvar su barco, una joya de entre las amarradas en la zona del farol verde de Bermeo. Fue en vano: “Las olas saltaban por el rompeolas” y lo teñían “de espuma blanca”, recordaba, “aun cuando a las 17.00 horas la mar parecía estar tranquila”. Pero con la noche cerrada “enseguida nos dimos cuenta de que no había nada que hacer. Antes del barco está la vida”, se resignaba este amante de la pesca -”más que amante, es una obsesión”, especificaba su pareja- que tratará de volver “cuanto antes” a disfrutar de la mar. Sin embargo, aún queda “un largo papeleo para poder recuperar” parte de lo invertido en su afición.

EL MUELLE, COMO UN RÍO Pero hay para quien el puerto de Bermeo no es solo un espacio donde pasear, hacerse a la mar o simplemente mirar al Cantábrico. No en vano, media docena de negocios se prolongan por el muelle de Benanzio Nardiz que, por efecto de las olas y la resaca, anteayer se convirtió “en un río”. “La verdad es que hemos tenido bastante suerte”, indicaba una mujer que regenta una cafetería, “porque no nos ha entrado agua al local”. Pero no solo el azar fue decisivo para salir indemne del temporal. También fue previsora al colocar sacos y una tabla de madera para impedir el acceso del agua. “Sufrimos esta misma situación dos veces al año”, remarcaba.

Diferente fue el caso del cercano bar Etxepe, donde el agua entró sin problemas. Ayer, sin embargo, la zona recuperó su pulso habitual desde primeras horas de la mañana. Los clientes del establecimiento, sin embargo, seguían hablando de los efectos de un temporal que, pese a que llegó a alcanzar el nivel de alerta naranja, pilló desprevenida a la costa vizcaina. Con cinco dársenas que volvieron a contener la respiración, las olas dejaron un reguero de desperfectos que desde ayer mismo comenzaron a ser reparados.